Cuánto consume una nevera y cuánto cuesta tenerla encendida
Publicado el 23 de agosto de 2026
La nevera es de los pocos electrodomésticos de casa que está enchufado las 24 horas del día, los 365 días del año. Pero estar enchufado no es lo mismo que estar consumiendo de forma constante: como explicamos en nuestra guía sobre cómo calcular cuánto consume un electrodoméstico, el compresor de un frigorífico funciona por ciclos, no de forma continua, así que multiplicar su potencia de placa por 24 horas sobreestima el consumo real. Por eso, para saber cuánto gasta realmente tu nevera, el dato de kWh/año de su etiqueta energética suele ser una referencia mucho mejor que la potencia instantánea.
Respuesta rápida
Si tu nevera tiene un consumo anual declarado de 150 kWh/año (un ejemplo de etiqueta, no un promedio universal), consume aproximadamente 0,41 kWh al día y 12,5 kWh al mes. A un precio hipotético de 0,20 €/kWh, eso son unos 30 € al año. Es una estimación basada en el consumo normalizado de la etiqueta; tu consumo real puede variar según la temperatura ambiente, el uso que le des y el estado del aparato, como vemos más abajo.
Por qué una nevera no consume lo mismo las 24 horas
Aunque el frigorífico esté conectado a la red de forma permanente, su compresor —la pieza que mueve el gas refrigerante y hace el trabajo real de enfriar— no funciona todo el tiempo. Un termostato o un control electrónico mide la temperatura interior y enciende el compresor cuando sube por encima de un límite, y lo apaga cuando baja lo suficiente. Entre medias, el aparato sigue enchufado pero el compresor está parado, sin apenas consumir.
Cuánto tiempo pasa el compresor encendido frente a apagado depende de varios factores que cambian de una nevera a otra y de un día a otro: la temperatura ambiente de la cocina, cuántas veces se abre la puerta, cuánta comida hay guardada, el estado de las juntas y la ventilación del propio aparato. No existe un porcentaje fijo de “tiempo de compresor activo” que se pueda aplicar a cualquier frigorífico, así que no lo vamos a inventar aquí.
Algunos modelos añaden otros elementos que también consumen electricidad de forma puntual: ventiladores internos para distribuir el frío (en sistemas “no frost”), resistencias de descongelación automática que se activan periódicamente, y la electrónica de control. Todos ellos se suman al consumo total, pero de forma intermitente, no constante.
No calcules potencia × 24 horas
Es habitual ver la potencia de la nevera en su placa de características —por ejemplo, “150 W”— y pensar que eso equivale a 0,15 kW × 24 h = 3,6 kWh al día. Ese cálculo es el mismo que explicamos en nuestra guía sobre cómo calcular cuánto consume un electrodoméstico, y funciona bien para aparatos de potencia estable, pero no para uno que funciona por ciclos.
El motivo es sencillo: esos 150 W son la potencia que el compresor consume mientras está encendido, no un promedio de todo el día. Si el compresor solo funciona una parte del tiempo total (y el resto el aparato consume una cantidad mucho menor, prácticamente solo la electrónica de control), multiplicar esa potencia por las 24 horas completas asume que el compresor trabaja sin parar, algo que no ocurre en el funcionamiento normal de un frigorífico. El resultado de ese cálculo tiende a sobreestimar el consumo real, en algunos casos de forma considerable.
La mejor pista: mira los kWh/año de la etiqueta
Para un aparato que funciona por ciclos como la nevera, el dato más fiable no es la potencia de la placa, sino el consumo anual declarado en la etiqueta energética. La Comisión Europea, en su ficha oficial sobre frigoríficos y congeladores, confirma que estos aparatos declaran su consumo como “Annual energy consumption in kWh” (kWh/a): una estimación de energía acumulada durante un año completo, calculada bajo condiciones de ensayo normalizadas en laboratorio.
Esto es distinto de cómo declaran su consumo otras categorías de electrodomésticos, y conviene no mezclarlo: como ya explicamos en nuestra guía sobre cómo calcular el consumo de un electrodoméstico, las lavadoras y lavavajillas declaran su energía en kWh por cada 100 ciclos del programa eco, no en kWh al año. Si comparas una nevera con una lavadora, no traslades la forma de leer la etiqueta de una categoría a la otra.
Además del consumo anual en kWh, la etiqueta de un frigorífico suele incluir la clase energética (A-G, lo vemos más abajo), el volumen útil del compartimento frigorífico y del congelador, y en algunos modelos el nivel de ruido en decibelios. Todos estos datos ayudan a comparar modelos, pero el que necesitas para calcular el coste de tenerlo encendido es el consumo anual en kWh.
Cómo pasar de kWh/año a consumo diario
Con el dato de kWh/año de la etiqueta, el consumo diario se calcula dividiendo entre los días del año:
Consumo diario (kWh/día) = Consumo anual (kWh/año) ÷ 365
Los valores de 100, 150, 200 y 300 kWh/año de esta tabla son ejemplos de cálculo para ilustrar el método, no el consumo real de "una nevera media". El consumo anual concreto de tu aparato es el que aparece en su propia etiqueta o ficha técnica.
| Consumo anual (ejemplo) | Consumo diario |
|---|---|
| 100 kWh/año | 0,274 kWh/día |
| 150 kWh/año | 0,411 kWh/día |
| 200 kWh/año | 0,548 kWh/día |
| 300 kWh/año | 0,822 kWh/día |
Cuánto consume al mes
Para un promedio mensual, divide entre 12:
Consumo mensual (kWh/mes) ≈ Consumo anual (kWh/año) ÷ 12
| Consumo anual (ejemplo) | Consumo mensual aproximado |
|---|---|
| 100 kWh/año | 8,33 kWh/mes |
| 150 kWh/año | 12,5 kWh/mes |
| 200 kWh/año | 16,67 kWh/mes |
| 300 kWh/año | 25 kWh/mes |
Esta cifra es un promedio mensual, no el consumo exacto de un mes concreto: un mes de verano con más calor ambiente y más aperturas de puerta puede consumir algo más que uno de invierno, aunque el promedio anual sea el mismo. No lo tomes como una cifra fija e idéntica cada mes.
Cuánto cuesta al año
Los precios de 0,15 €, 0,20 € y 0,25 € por kWh de esta tabla son escenarios hipotéticos para mostrar el cálculo, no el precio actual de la luz. Usa siempre el precio real de tu tarifa para tu propio cálculo.
| Consumo anual | A 0,15 €/kWh | A 0,20 €/kWh | A 0,25 €/kWh |
|---|---|---|---|
| 100 kWh/año | 15,00 € | 20,00 € | 25,00 € |
| 150 kWh/año | 22,50 € | 30,00 € | 37,50 € |
| 200 kWh/año | 30,00 € | 40,00 € | 50,00 € |
| 300 kWh/año | 45,00 € | 60,00 € | 75,00 € |
Cuánto cuesta al mes
Dividiendo el coste anual entre 12, siguiendo los mismos ejemplos a un precio hipotético de 0,20 €/kWh: 100 kWh/año saldrían por unos 1,67 €/mes, 150 kWh/año por 2,50 €/mes, 200 kWh/año por 3,33 €/mes y 300 kWh/año por 5 €/mes. Igual que con el consumo mensual, esto es un promedio: no esperes que cada mes concreto coincida exactamente con esta cifra, porque la temperatura ambiente y el uso real varían a lo largo del año.
Qué hace que un frigorífico consuma más
Varios factores influyen en el consumo real de una nevera concreta, más allá de su etiqueta:
- La temperatura seleccionada: cuanto más frío le pidas al compresor, más tiene que trabajar (lo vemos con más detalle en la siguiente sección).
- La temperatura ambiente de la cocina: un frigorífico situado en una habitación calurosa tiene que compensar una diferencia térmica mayor que uno en un ambiente fresco.
- La ubicación junto a fuentes de calor: según OCU, en su guía de errores frecuentes al usar el frigorífico, “el frigorífico debe estar alejado del horno y de cualquier otra fuente de calor, incluida la luz del sol”.
- La ventilación insuficiente: OCU recomienda dejar unos 10 cm de espacio detrás y a los lados del aparato para no restringir la circulación de aire.
- Las juntas de las puertas deterioradas: una goma desgastada deja escapar frío y obliga al compresor a compensar esa pérdida constante.
- La apertura frecuente o prolongada de la puerta: cada apertura deja entrar aire caliente que el compresor tiene que volver a enfriar.
- Introducir comida muy caliente: el IDAE, en sus recomendaciones para el ahorro energético en hogares, aconseja no introducir nunca alimentos calientes en el frigorífico, señalando explícitamente que dejarlos enfriar fuera antes de guardarlos ahorra energía.
- La acumulación de hielo excesivo, en equipos sin tecnología “no frost”: según OCU, el hielo acumulado en las paredes aumenta el consumo del aparato.
- El tamaño del aparato, aunque con matices (lo vemos más abajo).
- La tecnología y el diseño concretos del modelo, incluido su aislamiento y la eficiencia de su compresor.
- La antigüedad y el estado general del aparato, también con matices (lo desarrollamos en su propia sección).
Sobre si un frigorífico lleno consume más o menos que uno vacío, es una idea que circula habitualmente, pero no hemos encontrado en las fuentes oficiales consultadas (OCU, IDAE) una comparación directa y verificada de esta idea concreta. Dado que no tenemos un respaldo sólido para ninguna de las dos direcciones, no la afirmamos aquí como un hecho establecido.
Temperatura recomendada
Según OCU, en su artículo sobre la temperatura ideal del frigorífico, la temperatura del frigorífico no debe superar los 5 °C, y en su guía de errores frecuentes concreta un rango recomendado de entre 5 °C y 7 °C. Para el congelador, ambas fuentes de OCU coinciden en situar la temperatura entre -24 °C y -18 °C, con -18 °C como referencia habitual. Puedes ver el desarrollo completo sobre este aparato, con su propia etiqueta y cálculos, en nuestra guía sobre cuánto consume un congelador.
Poner el frigorífico más frío de lo necesario no mejora la conservación de los alimentos más allá de ese rango recomendado, y sí aumenta el consumo del compresor sin un beneficio real, según señala OCU.
¿Cada grado de frío extra aumenta el consumo?
Sí, según OCU: cada grado centígrado adicional que le pidas al frigorífico por debajo de lo necesario puede suponer un gasto adicional de electricidad de entre el 7% y el 10%, de acuerdo con las estimaciones de esta organización. Conviene tomar esta cifra en su contexto: es una estimación de OCU sobre el efecto de bajar la temperatura del frigorífico, no una ley física universal aplicable a cualquier situación o aparato con la misma precisión, pero da una idea clara de por qué no compensa poner el frigorífico “más frío por si acaso”.
Qué significa la clase energética A-G
Desde el 1 de marzo de 2021, los frigoríficos —junto con lavadoras, lavavajillas y televisores— usan la escala de clases energéticas A-G reescalada del Reglamento (UE) 2017/1369, que eliminó las categorías A+, A++ y A+++ que existían antes. Dentro de esta escala, la A representa la mayor eficiencia y la G la menor, para los modelos disponibles en el mercado en el momento de ese reescalado.
Ahora bien, la clase energética por sí sola no permite comparar sin más dos frigoríficos de tamaños o capacidades muy distintas: un modelo grande de clase A y uno pequeño de clase A no tienen por qué consumir lo mismo en términos absolutos, porque la clase se calcula en relación con el volumen del propio aparato, no como una cifra absoluta comparable entre tamaños. No vamos a afirmar aquí que “una nevera de clase A consume la mitad que una de clase C”, ni ninguna otra proporción fija entre clases: no disponemos de datos comparativos reales que respalden una cifra así de precisa, y presentarla sin esa base sería inventar un dato. Lo que sí es útil, y no requiere esa cifra, es mirar siempre el kWh/año declarado junto a la clase energética, en lugar de fijarte solo en la letra.
¿Consume más una nevera grande?
Con cautela: el tamaño y la capacidad de un frigorífico pueden influir en su consumo, porque un volumen mayor implica más superficie que aislar y, en general, más carga térmica que gestionar. Pero el tamaño no es el único factor, ni siquiera necesariamente el más determinante: el diseño, la eficiencia del compresor, el aislamiento, la configuración del aparato (por ejemplo, si incluye congelador integrado) y la temperatura seleccionada también influyen, y en ocasiones más que la capacidad en litros.
Por eso, comparar el kWh/año declarado de modelos reales de tamaños equivalentes suele ser un método más fiable que asumir directamente que “más litros” significa “más consumo”, sobre todo si estás comparando modelos de gamas o tecnologías distintas.
Nevera antigua vs nueva
No existe una cifra universal fiable del tipo “una nevera antigua consume el doble que una nueva”: es una simplificación que no podemos respaldar con una fuente sólida y contextualizada, así que no la vamos a repetir aquí como si fuera un hecho establecido.
Lo que sí es razonable es lo siguiente: los modelos más antiguos suelen pertenecer a categorías de eficiencia anteriores a la escala A-G reescalada de 2021, y en general la tecnología de aislamiento y compresores ha mejorado con los años. Pero el estado concreto del aparato —el desgaste de las juntas, el estado del compresor, la acumulación de hielo si no es “no frost”— puede influir tanto o más que la fecha de fabricación en sí. Una nevera antigua bien mantenida puede rendir mejor de lo esperado, y una nevera relativamente nueva con juntas deterioradas o mal ventilada puede consumir más de lo que su etiqueta sugiere.
La forma más fiable de decidir si merece la pena cambiarla no es fijarse solo en la antigüedad, sino comparar el consumo real de tu aparato actual (por etiqueta original o medido) con el kWh/año de los modelos que estés valorando como sustituto, y tener en cuenta también el coste de compra y la vida útil restante del aparato, como explicamos con más detalle en nuestra guía sobre cómo ahorrar en la factura de la luz.
Cómo saber cuánto consume MI nevera
- Método 1 — Etiqueta: busca el consumo anual en kWh/año en la etiqueta energética o en la ficha técnica de tu modelo. Divide esa cifra entre 365 para el consumo diario, o entre 12 para el mensual, y multiplícala por el precio real del kWh de tu tarifa para obtener el coste.
- Método 2 — Medición real: conecta un medidor de consumo eléctrico compatible entre la toma de pared y la nevera, como los que comparamos en nuestra guía sobre mejores medidores de consumo eléctrico. Déjalo funcionando durante varios días completos, registra los kWh acumulados, calcula el promedio diario dividiendo entre los días medidos, y extrapola con cautela a un mes o un año, teniendo en cuenta que la estación y el uso real pueden cambiar el resultado.
Cuánto tiempo medir
No existe una duración científica universal válida para cualquier frigorífico, pero sí una idea clara: unos minutos no bastan. Como ya explicamos en nuestra guía sobre medidores de consumo eléctrico, medir solo 10 minutos puede capturar únicamente un tramo de compresor encendido (sobreestimando el consumo) o uno de compresor apagado (subestimándolo por completo), porque el ciclo de encendido y apagado del compresor no se completa en ese tiempo.
Lo razonable es medir varios días completos, de forma que la medición incluya muchos ciclos de compresor y refleje un patrón de uso real. Ten en cuenta que ciertas condiciones pueden distorsionar el resultado de un periodo de medición corto: una ola de calor, muchas aperturas de puerta seguidas, meter una compra grande de una vez, un ciclo de descongelación automática en curso, o una ausencia prolongada de la vivienda (que reduce las aperturas de puerta respecto a un uso normal). Cuantos más días completos incluya la medición, menos peso tiene cualquiera de estas situaciones puntuales sobre el resultado final.
Ejemplo de medición real
Imagina que conectas un medidor de consumo a tu nevera y, tras 4 días completos, registra 3,6 kWh acumulados:
- 3,6 kWh ÷ 4 días = 0,9 kWh/día
- 0,9 kWh/día × 365 días = 328,5 kWh/año (extrapolado)
- 328,5 kWh/año × 0,20 €/kWh (precio hipotético) = 65,70 €/año
Esta extrapolación es orientativa, no una cifra exacta garantizada: 4 días son una muestra razonable para capturar varios ciclos de compresor, pero la estación del año (más calor en verano, menos en invierno) y cambios en el uso real (más o menos aperturas de puerta, más o menos alimentos guardados) pueden hacer que el consumo real de todo un año se aleje algo de esta extrapolación.
¿Cuándo está consumiendo demasiado?
No hay una cifra universal de “a partir de X kWh, tu nevera consume demasiado”: depende del modelo, su tamaño, su antigüedad y las condiciones de tu vivienda. Lo que sí puedes hacer es comparar:
- El consumo anual declarado en la etiqueta original de tu modelo, si la conservas.
- El consumo medido con un medidor de consumo real, siguiendo el método de la sección anterior.
- Las condiciones de uso: temperatura seleccionada, ventilación disponible, estado de las juntas, ubicación respecto a fuentes de calor.
- El consumo de aparatos similares de tamaño y antigüedad equivalentes, si tienes esa referencia.
Un aumento anormal y persistente del consumo medido respecto al dato original de la etiqueta, sin que hayas cambiado la temperatura ni las condiciones de uso, podría justificar revisar el funcionamiento del aparato. Pero este artículo no diagnostica averías concretas a partir solo del dato de consumo: si sospechas un problema real, lo adecuado es que lo revise un profesional del servicio técnico.
Cómo reducir el consumo
- Ajusta una temperatura razonable: entre 5 °C y 7 °C en el frigorífico y en torno a -18 °C en el congelador, según OCU, sin bajar más de lo necesario.
- Cierra bien la puerta cada vez, y evita dejarla abierta más tiempo del necesario.
- Revisa las juntas periódicamente y sustitúyelas si están desgastadas, según recomienda OCU.
- Evita aperturas largas o muy frecuentes, ya que el IDAE señala que se desperdicia un 7% de la energía del frigorífico con aperturas de puerta prolongadas.
- Deja la ventilación indicada por el fabricante: OCU recomienda unos 10 cm de espacio libre detrás y a los lados del aparato.
- Sitúalo lejos de fuentes de calor, como el horno o la luz solar directa, siguiendo la recomendación de OCU.
- No introduzcas alimentos muy calientes: déjalos enfriar fuera antes de guardarlos, como recomienda el IDAE.
- Descongela si tu modelo no es “no frost”, ya que la acumulación de hielo aumenta el consumo, según OCU.
- Si vas a sustituirla, elige un tamaño adecuado a tus necesidades reales, ni sobredimensionado ni demasiado justo; comparamos varios modelos verificados en nuestra guía sobre mejores frigoríficos eficientes.
Puedes ver más ideas generales de ahorro eléctrico, más allá del frigorífico, en nuestra guía sobre cómo ahorrar en la factura de la luz.
¿Merece la pena cambiar una nevera solo para ahorrar electricidad?
Depende, y no hay una respuesta única. El cálculo conceptual de partida es:
Ahorro anual estimado = (Consumo actual − Consumo del modelo nuevo) × Precio del kWh
Ese ahorro anual estimado hay que compararlo con el precio de compra del modelo nuevo, la vida útil restante del aparato actual, su estado real (si tiene averías o solo consume algo más de lo ideal) y el coste ambiental de fabricar un aparato nuevo frente a seguir usando uno que funciona. No recomendamos sustituir una nevera funcional de forma automática solo por su antigüedad: la decisión depende de este cálculo completo, aplicado a tu caso concreto, no de una regla genérica válida para cualquier hogar.
Errores frecuentes
- Multiplicar la potencia de la placa por 24 horas, asumiendo que el compresor funciona de forma continua todo el día.
- Creer que “estar enchufada” equivale a “compresor funcionando”, ignorando los ciclos de encendido y apagado.
- Fijarse solo en la letra de la clase energética, sin mirar también el kWh/año declarado.
- Comparar frigoríficos de capacidades muy distintas usando solo la clase energética, sin tener en cuenta el volumen.
- Usar un precio del kWh como si fuera universal, en lugar del precio real de tu propia tarifa.
- Medir el consumo solo 10 minutos, un tiempo insuficiente para capturar varios ciclos de compresor.
- Bajar demasiado la temperatura pensando que “conserva mejor”, cuando por debajo del rango recomendado solo aumenta el consumo sin beneficio real.
- Cambiar una nevera funcional sin calcular el ahorro real, guiándose solo por la antigüedad o por una etiqueta energética antigua.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto consume una nevera al día? Depende del consumo anual declarado en su etiqueta: divide esa cifra entre 365. Por ejemplo, una nevera con 150 kWh/año declarados consume aproximadamente 0,41 kWh al día, aunque el dato real puede variar según el uso y la temperatura ambiente.
¿Cuánto consume al mes? Divide el consumo anual declarado entre 12 para obtener un promedio mensual. Una nevera de 150 kWh/año consumiría en torno a 12,5 kWh al mes de media, aunque cada mes concreto puede variar algo respecto a esa media.
¿Cuánto gasta al año? El dato más fiable es el consumo anual en kWh/año que aparece en la etiqueta energética o la ficha técnica de tu modelo, no un cálculo genérico. A partir de ahí, multiplica por el precio del kWh de tu tarifa para obtener el coste anual.
¿Cuánto cuesta tenerla encendida 24 horas? No se calcula como “potencia × 24 horas”, porque el compresor no funciona de forma continua. El coste real depende del consumo anual declarado en la etiqueta (o medido), dividido entre 365 para el día, y multiplicado por el precio de tu tarifa.
¿Cómo sé cuánto consume mi frigorífico? De dos formas: mirando el consumo anual en kWh/año de su etiqueta y aplicando la fórmula de este artículo, o midiendo su consumo real con un medidor de consumo eléctrico durante varios días completos.
¿Una nevera antigua consume mucho más? No hay una cifra universal fiable para esto. Los modelos antiguos suelen tener tecnología menos eficiente, pero el estado de las juntas, el compresor y la ventilación también influyen mucho. Lo más fiable es comparar el consumo real de tu aparato actual con el kWh/año de un posible sustituto.
¿Qué clase energética consume menos? Dentro de la escala A-G reescalada vigente desde 2021, la clase A es la más eficiente. Pero la clase por sí sola no permite comparar frigoríficos de tamaños muy distintos: conviene mirar también el kWh/año declarado.
¿Cuánto consume una nevera clase A? No hay una cifra fija válida para “una nevera clase A” en general, porque la clase se calcula en relación con el volumen de cada modelo. El dato de consumo real está en el kWh/año declarado en la etiqueta de cada aparato concreto.
¿Por qué mi frigorífico consume tanto? Puede deberse a una temperatura demasiado baja, ubicación cerca de una fuente de calor, ventilación insuficiente, juntas deterioradas, aperturas frecuentes o prolongadas, exceso de hielo si no es “no frost”, o al estado general del aparato. Comparar tu consumo actual con el declarado originalmente en la etiqueta ayuda a detectar un aumento anormal.
¿Merece la pena cambiarlo por uno nuevo? Depende del cálculo del ahorro esperado (diferencia de consumo entre tu aparato actual y el nuevo, multiplicada por el precio del kWh) frente al coste de compra, la vida útil restante de tu nevera actual y su estado real. No recomendamos sustituir una nevera funcional de forma automática solo por su antigüedad.
¿Cómo medir su consumo real? Conectando un medidor de consumo eléctrico enchufable entre la toma de pared y la nevera, y dejándolo funcionar durante varios días completos, no solo unos minutos, para capturar el patrón de ciclos del compresor.
¿Qué temperatura debe tener el frigorífico? Según OCU, entre 5 °C y 7 °C en el compartimento frigorífico y en torno a -18 °C en el congelador. Bajar la temperatura más de lo necesario no mejora la conservación y sí aumenta el consumo.
Fuentes
- OCU — Frigorífico: temperatura ideal: reutilizada de artículos ya publicados en Casaliax, verificada originalmente por fetch directo. Fuente de la temperatura recomendada (no superar los 5 °C en el frigorífico; congelador entre -24 °C y -18 °C) y de la estimación de que cada grado adicional supone entre un 7% y un 10% más de electricidad.
- OCU — 10 errores que debes evitar al usar el frigorífico: verificada por fetch directo para este artículo. Fuente del rango recomendado de 5-7 °C en el frigorífico y -18 °C en el congelador, la recomendación de ventilación de unos 10 cm, el mantenimiento de las juntas, el aumento de consumo por hielo acumulado en equipos sin tecnología “no frost”, y la recomendación explícita de mantener el frigorífico alejado del horno y de cualquier fuente de calor, incluida la luz del sol. También confirma que no deben introducirse alimentos aún calientes en el frigorífico ni en el congelador.
- IDAE — Recomendaciones para el ahorro energético en hogares: verificada por fetch directo para este artículo. Fuente de la recomendación explícita de no introducir nunca alimentos calientes en el frigorífico porque dejarlos enfriar fuera ahorra energía, del dato de que se desperdicia un 7% de la energía del frigorífico con aperturas de puerta prolongadas, de la recomendación de instalar el frigorífico permitiendo un flujo de aire correcto sin obstruir las rejillas de ventilación, y de la cifra de que el frigorífico puede llegar a representar hasta el 30% del consumo total de electrodomésticos de una vivienda.
- Comisión Europea — Fridges and Freezers: reutilizada de nuestra guía sobre cómo calcular el consumo de un electrodoméstico, verificada originalmente por fetch directo. Confirma que el consumo de frigoríficos y congeladores se declara como “Annual energy consumption in kWh” (kWh/a), a diferencia del formato por 100 ciclos de lavadoras y lavavajillas.
- IDAE — Reglamento Europeo marco del etiquetado energético UE/2017/1369: reutilizada de artículos ya publicados en Casaliax, verificada originalmente por fetch directo. Fuente de la escala A-G reescalada (sin A+/A++/A+++) vigente para frigoríficos, lavadoras, lavavajillas y televisores desde el 1 de marzo de 2021.
- Nuestras guías sobre cómo calcular cuánto consume un electrodoméstico, mejores medidores de consumo eléctrico y cómo ahorrar en la factura de la luz: reutilizadas para mantener coherencia con los conceptos de ciclos de compresor, medición real y cifras ya verificadas y publicadas en Casaliax.
Sobre si un frigorífico lleno consume más o menos que uno vacío, buscamos evidencia sólida en OCU e IDAE y no encontramos una comparación directa y verificada de esta idea concreta en ninguna de las dos fuentes, así que no la afirmamos en este artículo como un hecho establecido, en ninguna dirección. Tampoco publicamos ninguna cifra de “consumo medio de una nevera” como si fuera un promedio universal del parque de electrodomésticos español: los valores de 100, 150, 200 y 300 kWh/año usados en los ejemplos de cálculo son ilustrativos, no una media verificada.
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