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Cuánto consume un ordenador y cuánto cuesta usarlo

Publicado el 31 de agosto de 2026

“Cuánto consume mi ordenador” es una pregunta que no tiene una única respuesta válida para todos los equipos: un portátil ligero para navegar, un sobremesa de oficina y un PC gaming con una tarjeta gráfica potente pueden diferir en varios cientos de vatios según el momento. Lo que sí es igual para los tres es el método para calcularlo: conocer la potencia real que consume el equipo en cada situación, las horas que lo usas y el precio del kWh de tu tarifa. En esta guía explicamos qué determina ese consumo, por qué la potencia de la fuente de alimentación no es el dato que buscas, y cómo calcular y medir el gasto real de tu equipo concreto.

Respuesta rápida

Respuesta rápida

No existe una cifra universal de "cuánto consume un ordenador": depende del equipo y de la carga de trabajo en cada momento. Para ilustrar el método de cálculo con cifras hipotéticas (no medias de mercado): un portátil que consumiera de media 50 W durante 8 horas al día, 30 días, a un precio de ejemplo de 0,20 €/kWh, gastaría unos 12 kWh/mes (2,40 €/mes). Un sobremesa hipotético de 120 W de media en las mismas condiciones gastaría unos 28,8 kWh/mes (5,76 €/mes). Un PC gaming hipotético que consumiera 350 W durante el uso activo, en las mismas 8 horas diarias, gastaría unos 84 kWh/mes (16,80 €/mes). Son solo ejemplos matemáticos para mostrar cómo escala el cálculo con la potencia: la potencia real de tu equipo puede ser muy distinta, y solo se sabe con certeza midiéndola.

Los 50 W, 120 W y 350 W de los ejemplos anteriores son valores hipotéticos elegidos para mostrar el cálculo, no una media del mercado ni el consumo "típico" de ningún tipo de equipo. Como veremos más abajo, el consumo real de un ordenador cambia constantemente según la carga de CPU y GPU, así que estas cifras solo tienen sentido como ilustración del método, no como referencia de tu equipo concreto.

Qué determina el consumo de un ordenador

A diferencia de un aparato de potencia estable (una bombilla, un ventilador a una velocidad fija), un ordenador es un conjunto de componentes cuyo consumo individual varía todo el tiempo según lo que estén haciendo. Los principales factores son:

  • CPU (procesador): su consumo varía según la carga de trabajo, desde un uso mínimo casi en reposo hasta su consumo máximo bajo tareas exigentes (compilar, renderizar, comprimir vídeo). Los fabricantes publican un TDP (Thermal Design Power) de referencia, pero es una cifra de diseño térmico, no una medición del consumo real en cada instante.
  • GPU (tarjeta gráfica): en equipos con tarjeta gráfica dedicada, suele ser el componente que más varía su consumo: mínimo en el escritorio o reproduciendo vídeo, y muy superior mientras renderiza gráficos exigentes (juegos, edición de vídeo, cálculo).
  • Pantalla: en un portátil, la pantalla forma parte del mismo consumo total del equipo; en un sobremesa con monitor externo, es un consumo aparte que hay que sumar (lo vemos en su propia sección más abajo).
  • Discos de almacenamiento: un SSD consume, en general, menos que un disco duro mecánico tradicional, aunque la diferencia concreta depende del modelo y de si está en reposo o en uso intensivo.
  • Periféricos y refrigeración: ventiladores, refrigeración líquida, RGB, periféricos alimentados por USB (ratón, teclado, hub) añaden su propio consumo, normalmente pequeño de forma individual, pero no nulo.
  • Carga de trabajo del momento: el mismo equipo puede consumir cifras muy distintas según esté inactivo (idle), reproduciendo un vídeo, navegando, o ejecutando una tarea que exige a fondo CPU y GPU a la vez.
  • Eficiencia de la fuente de alimentación (PSU): la fuente no genera electricidad, la convierte de corriente alterna de la red a corriente continua para los componentes, y en esa conversión pierde algo de energía en forma de calor. Una fuente más eficiente (certificación 80 Plus, en sus distintos niveles) pierde menos energía en esa conversión, así que dos equipos con los mismos componentes internos pueden consumir de la red una cantidad ligeramente distinta según la eficiencia de su fuente.

Ninguno de estos factores es fijo: por eso no existe una única cifra de “vatios de un ordenador” válida para todos los momentos de uso, ni siquiera para un mismo equipo concreto.

Portátil vs sobremesa: por qué consumen distinto

Un portátil está diseñado, desde el origen, para funcionar con una batería de capacidad limitada, así que sus componentes (procesador, gráfica integrada o de bajo consumo, pantalla, fuente de alimentación interna) están optimizados para consumir lo menos posible en cada tarea, dentro de las limitaciones térmicas y de tamaño propias de un chasis compacto. Un sobremesa no tiene esa restricción de batería: puede montar componentes de mayor rendimiento (y mayor consumo), una fuente de alimentación de mayor capacidad, más ventiladores o refrigeración líquida, y varios discos o unidades adicionales, precisamente porque no necesita optimizar su autonomía.

Esto no significa que todo sobremesa consuma más que todo portátil en términos absolutos: un sobremesa de oficina con componentes modestos puede consumir menos que un portátil gaming de alto rendimiento en carga. La diferencia real depende de los componentes concretos de cada equipo y de la carga de trabajo, no del hecho de ser portátil o sobremesa en sí mismo. Lo que sí es una diferencia técnica constante es que el diseño de un portátil prioriza la eficiencia energética por la restricción de batería, mientras que el de un sobremesa prioriza, en muchos casos, el rendimiento por encima del consumo.

PC gaming: idle, juego y carga pesada

Un PC gaming no tiene un único consumo, sino al menos tres situaciones claramente distintas, y confundirlas es una fuente habitual de cifras poco fiables:

  • Idle o escritorio: el equipo encendido, pero sin ninguna tarea exigente en marcha (navegando, escribiendo, con el escritorio a la vista). La CPU y la GPU trabajan muy por debajo de su capacidad máxima, y el consumo total del equipo es bastante menor que en las otras dos situaciones.
  • Jugando: con CPU y GPU trabajando de forma activa para renderizar el juego, el consumo sube de forma notable respecto al idle. Cuánto sube depende del juego concreto (su exigencia gráfica), de la resolución y los ajustes de calidad, y de los componentes instalados.
  • Carga pesada sostenida: tareas que exigen el máximo de CPU y GPU a la vez durante un periodo prolongado (por ejemplo, ciertos benchmarks o cargas de trabajo profesionales de renderizado), donde el consumo se acerca más al límite superior real de los componentes instalados.

No existe una cifra media fiable de “cuánto consume un PC gaming”, precisamente porque estas tres situaciones —y las decenas de combinaciones de componentes posibles— dan resultados muy distintos entre sí. La única forma de saber cuánto consume tu equipo concreto en cada una de estas situaciones es medirlo (lo vemos más abajo), no aplicar una cifra genérica encontrada en otro sitio.

La fuente de 500, 750 o 1.000 W no es lo que consume el equipo

Este es, probablemente, el malentendido más frecuente sobre el consumo de un ordenador, y merece una aclaración clara: la potencia nominal de una fuente de alimentación (por ejemplo, 500 W, 750 W o 1.000 W) es la capacidad máxima que esa fuente puede entregar a los componentes si lo necesitaran, no el consumo constante del equipo mientras está encendido.

Una fuente de 750 W está dimensionada para poder abastecer, con margen, los picos de consumo más exigentes de los componentes instalados (por ejemplo, el momento de mayor exigencia conjunta de CPU y GPU), y habitualmente con un margen adicional de seguridad y para posibles ampliaciones futuras. Eso no significa que el equipo consuma 750 W de forma continua: el consumo real, en cada instante, depende de la carga real de CPU y GPU en ese momento, y esa carga real está, en la inmensa mayoría de situaciones de uso (navegar, trabajar con ofimática, ver vídeo, e incluso jugar en muchos casos), muy por debajo de la capacidad máxima de la fuente.

Dicho de otro modo: comprar o tener instalada una fuente de 750 W no implica gastar 750 W por hora ni tener un equipo que “consuma mucho” por el simple hecho de llevar esa fuente. La cifra de la fuente responde a la pregunta “¿cuánto puede llegar a entregar este componente si hiciera falta?”, no a la pregunta “¿cuánto está consumiendo mi equipo ahora mismo?”. Para responder a esta segunda pregunta hace falta medir el consumo real del equipo (lo vemos en la sección de medición, más abajo), no leer la etiqueta de la fuente.

El monitor: súmalo aparte si es externo

Si tu ordenador es un portátil, la pantalla ya forma parte del consumo total que mida cualquier medidor conectado al cargador: no hay nada que sumar aparte. Pero si tienes un sobremesa (o un portátil usado con un monitor externo conectado), el monitor es un aparato eléctrico independiente, con su propio cable de alimentación, que consume electricidad por su cuenta y no está incluido en la medición de la torre.

Esto significa que, si mides solo el consumo de la torre o solo el del portátil sin su monitor externo, estás midiendo una parte del consumo total de tu puesto de trabajo, no el conjunto completo. Para tener el dato real del consumo total, hay que medir la torre (o el portátil) y el monitor por separado, o ambos a la vez si están conectados a la misma regleta o medidor. Como explicamos en nuestra guía sobre cómo calcular el consumo de un electrodoméstico, cada aparato eléctrico se calcula con su propia potencia y sus propias horas de uso; un monitor no es una excepción, y conviene tratarlo como el aparato aparte que es.

Cómo calcular el consumo de tu ordenador

El método de cálculo no es distinto del de cualquier otro aparato eléctrico: necesitas la potencia real en vatios (idealmente medida, no la de la fuente), las horas de uso y el precio del kWh de tu tarifa. Explicamos la fórmula completa, con ejemplos paso a paso, en nuestra guía sobre cómo calcular el consumo de un electrodoméstico: en resumen, divides los vatios entre 1.000 para obtener los kW, multiplicas por las horas de uso para obtener los kWh, y multiplicas esa cifra por el precio del kWh para obtener el coste.

Si prefieres no hacer la cuenta a mano, nuestra calculadora de consumo eléctrico aplica esta misma fórmula automáticamente a partir de la potencia, las horas y el precio que introduzcas. Lo único que cambia, respecto a un aparato de potencia estable, es que en un ordenador conviene usar un valor de potencia medido en la situación de uso que te interesa (idle, uso normal o carga pesada), en lugar de un único dato de la etiqueta, precisamente porque —como hemos visto— su consumo cambia constantemente según la carga.

Ejemplo mensual con distintos escenarios de potencia

Los 50 W, 150 W, 300 W y 500 W de esta tabla son valores hipotéticos elegidos únicamente para mostrar cómo escala el cálculo, no el consumo real de ningún tipo de equipo concreto. El precio de 0,20 €/kWh también es un ejemplo; usa siempre el precio de tu propia tarifa.

Potencia del ejemplo Consumo diario (8 h) Consumo mensual (30 días) Coste mensual a 0,20 €/kWh
50 W 0,4 kWh 12 kWh 2,40 €
150 W 1,2 kWh 36 kWh 7,20 €
300 W 2,4 kWh 72 kWh 14,40 €
500 W 4,0 kWh 120 kWh 24,00 €

(Cálculo: potencia ÷ 1.000 × 8 horas = kWh/día; kWh/día × 30 días = kWh/mes; kWh/mes × 0,20 €/kWh = coste. Por ejemplo, la fila de 300 W: 300 ÷ 1.000 = 0,3 kW; 0,3 kW × 8 h = 2,4 kWh/día; 2,4 kWh × 30 días = 72 kWh/mes; 72 kWh × 0,20 €/kWh = 14,40 €/mes.)

Como en toda esta guía, estas cifras son un ejercicio de cálculo, no una previsión de lo que consumirá tu equipo: sustituye la potencia por la cifra real de tu ordenador (medida, si es posible) y las horas por tu propio patrón de uso para obtener una estimación útil para tu caso.

Suspensión, hibernación y apagado: qué dice la normativa

Conviene distinguir varios estados de un ordenador, porque cada uno tiene un consumo muy distinto:

  • En uso activo: el equipo consume según la carga de trabajo del momento, como hemos visto en las secciones anteriores.
  • Suspensión (sleep): el equipo guarda el estado de la sesión en la memoria RAM (que necesita seguir alimentada para no perder los datos) y apaga la mayoría del resto de componentes. El consumo cae de forma notable respecto al uso activo, pero no llega a cero, porque la RAM sigue necesitando electricidad.
  • Hibernación: el equipo guarda el estado de la sesión en el disco de almacenamiento (no en la RAM) y puede cortar la alimentación de forma casi completa, con un consumo aún menor que en suspensión, a cambio de un arranque algo más lento para recuperar la sesión.
  • Apagado (modo desactivado): el equipo no está realizando ninguna función, pero puede seguir consumiendo una pequeña cantidad de electricidad si permanece enchufado, dentro de los límites que marca la normativa de ecodiseño.

Para los ordenadores concretamente, la normativa aplicable no es la misma que la que rige el standby genérico de “cualquier aparato electrónico doméstico” que explicamos en nuestra guía sobre el consumo fantasma (el Reglamento (UE) 2023/826, vigente desde el 9 de mayo de 2025). Los ordenadores tienen su propio reglamento específico de diseño ecológico, el Reglamento (UE) n.º 617/2013, que establece límites propios para el modo apagado y el modo de reposo. Según el texto de este reglamento (verificado por fetch directo en el Boletín Oficial del Estado, que reproduce el texto del Diario Oficial de la Unión Europea), los límites de potencia son:

  • Modo apagado (Poff): la demanda de potencia no debe superar 1,00 W.
  • Modo de reposo o suspensión (Psleep): no debe superar 5,00 W en ordenadores de sobremesa (incluidos los sobremesa integrados) ni 3,00 W en ordenadores portátiles.

Estos límites no se aplican de forma aislada: el reglamento los combina, junto con el tiempo estimado que un equipo pasa en cada estado según un patrón de uso normalizado, en una fórmula de consumo total anual de energía estimado (ETEC), pensada para comparar el rendimiento energético de distintos modelos bajo un mismo criterio, no como una medición del uso real de tu equipo concreto. A fecha de este artículo, este reglamento de 2013 sigue siendo el vigente para ordenadores según la propia página de la Comisión Europea, aunque esta lo describe como un texto en revisión, con una propuesta de nuevo reglamento (que incluiría una nueva etiqueta energética, hoy inexistente para esta categoría) todavía en preparación.

Para los monitores externos, la normativa de referencia es distinta: el Reglamento (UE) 2019/2021, vigente desde el 1 de marzo de 2021, que regula las pantallas electrónicas (televisores, monitores de ordenador y pantallas de señalización digital) y que, entre otros requisitos, fija límites de potencia en modo apagado y en espera para esta categoría, además de establecer la etiqueta energética A-G que ya usan estos productos.

En la práctica, para este artículo lo relevante es que un ordenador apagado o en reposo, si cumple con esta normativa, consume una cantidad muy pequeña (del orden de unos pocos vatios como máximo, según el estado y el tipo de equipo), muy por debajo de su consumo en uso activo. Si quieres el dato exacto de tu equipo concreto, la única forma fiable sigue siendo medirlo tú mismo, como veremos en la siguiente sección.

El consumo fantasma del ordenador

Como cualquier aparato electrónico con fuente de alimentación conectada a la red, un ordenador enchufado puede tener un consumo residual incluso apagado, dentro de los límites de normativa que acabamos de ver. Explicamos el concepto general de consumo fantasma, cómo medirlo y qué aparatos suelen tener más relevancia en ello, en nuestra guía sobre cómo detectar el consumo fantasma.

Conviene no exagerar la importancia de este consumo en el caso concreto de un ordenador: si el equipo (y su fuente, si es externa, como en muchos portátiles) cumple con los límites de la normativa de ecodiseño que hemos visto en la sección anterior, el consumo en modo apagado o en reposo es una cantidad pequeña comparada con el consumo en uso activo, que suele ser, con diferencia, la parte que más pesa en el coste eléctrico de tener un ordenador en casa. Dicho esto, si tienes dudas sobre el consumo real de tu equipo apagado o en suspensión —por ejemplo, porque sospechas de un fallo o de un equipo antiguo que no cumple la normativa vigente—, medirlo con un medidor de consumo es la única forma de salir de dudas, en lugar de asumir una cifra genérica.

Cómo medir el consumo real de MI ordenador

  1. Método 1 — Enchufe inteligente con medición: conecta la torre (o el cargador del portátil) a un enchufe inteligente con función de medición de energía, y consulta desde la app los vatios instantáneos y los kWh acumulados en distintas situaciones (idle, uso normal, carga pesada). Comparamos varios modelos según ecosistema (Matter, Apple Home, Alexa, Google Home) en nuestra guía sobre mejores enchufes inteligentes con medición de consumo.
  2. Método 2 — Medidor de consumo dedicado: conecta un medidor enchufable con pantalla propia entre la toma de pared y el equipo (torre, cargador del portátil o monitor), y lee la potencia instantánea o los kWh acumulados durante un periodo representativo. Comparamos varios modelos verificados en nuestra guía sobre mejores medidores de consumo eléctrico.
  3. Método 3 — Software interno del propio equipo: algunas herramientas del sistema operativo o del fabricante muestran una estimación de consumo de determinados componentes (por ejemplo, la GPU). Es útil como referencia orientativa, pero, como explicamos en la siguiente sección, mide solo una parte del equipo, no la torre completa, el monitor ni los periféricos conectados.

Si tu ordenador es un sobremesa con monitor externo, recuerda medir ambos aparatos (torre y monitor) para obtener el consumo total del puesto, como vimos en la sección dedicada al monitor.

¿El software de la tarjeta gráfica mide todo el PC?

No necesariamente, y es un error habitual dar por bueno ese dato como si fuera el consumo total del equipo. Las utilidades de monitorización de la tarjeta gráfica (herramientas del propio fabricante de la GPU o de terceros) están pensadas para mostrar el consumo del chip gráfico y, en algunos casos, de la propia tarjeta en su conjunto, estimado a partir de sensores internos del hardware. Ese dato no incluye, por regla general, lo que consume el resto del equipo: el procesador, la placa base, la memoria RAM, los discos de almacenamiento, los ventiladores, los periféricos conectados por USB, ni el monitor si es un aparato externo.

Esto significa que un software de monitorización de GPU que muestre, por ejemplo, un consumo instantáneo de la tarjeta gráfica no te está diciendo cuánto consume el ordenador completo en ese momento, solo la parte correspondiente a ese componente. Para conocer el consumo real de todo el equipo, la vía fiable sigue siendo medir desde el enchufe (con un medidor o un enchufe inteligente, como vimos en la sección anterior), que sí registra la suma de todos los componentes que se alimentan a través de esa toma.

Cómo reducir el consumo de un ordenador

  • Activa la suspensión automática tras un periodo de inactividad, en lugar de dejar el equipo encendido en uso activo sin necesidad. Como vimos, el consumo en suspensión es notablemente menor que en uso activo.
  • Apaga el equipo cuando no vayas a usarlo durante un tiempo prolongado, en vez de dejarlo en suspensión de forma indefinida por comodidad.
  • Reduce el brillo del monitor a un nivel cómodo mientras trabajas, ya que la pantalla es uno de los componentes cuyo consumo varía de forma más perceptible según ese ajuste.
  • Revisa el plan de energía del sistema operativo y elige un perfil equilibrado o de ahorro de energía para el uso cotidiano, reservando el perfil de máximo rendimiento para cuando realmente lo necesites.
  • Limita la tasa de fotogramas (FPS) en juegos que no lo requieran de forma competitiva, si tu tarjeta gráfica y tu monitor lo permiten: renderizar más fotogramas de los que tu pantalla puede mostrar (o de los que necesitas para jugar con comodidad) exige más trabajo a la GPU sin ningún beneficio añadido, con el consiguiente consumo extra.
  • Evita mantener el equipo en su perfil de máximo rendimiento de forma permanente cuando la tarea que estás haciendo no lo necesita (navegar, escribir, ver un vídeo), dejando ese perfil para las tareas que sí lo justifican.
  • Desconecta periféricos que no uses (discos externos, hubs USB, iluminación RGB decorativa) si no aportan nada a la tarea que estás haciendo en ese momento.

Esta guía no incluye recomendaciones de overclocking (aumentar la frecuencia de los componentes por encima de sus valores de fábrica): además de no ser una medida de ahorro, conlleva riesgos de estabilidad y de vida útil del hardware que quedan fuera del alcance de este artículo.

Si buscas más ideas para reducir el conjunto de tu factura eléctrica, no solo la parte del ordenador, puedes consultar nuestra guía sobre cómo ahorrar en la factura de la luz.

El portátil conectado al cargador todo el día

Es habitual preguntarse si dejar un portátil enchufado de forma permanente (por ejemplo, usado siempre como si fuera un sobremesa, conectado a un monitor externo) supone un gasto elevado por el simple hecho de estar conectado al cargador todo el día. La respuesta, igual que con la fuente de alimentación de un sobremesa, tiene que ver con no confundir la potencia nominal del cargador con el consumo real constante.

Un cargador de portátil tiene una potencia nominal máxima (por ejemplo, la que aparece impresa en la propia carcasa del transformador), pero eso es, de nuevo, la capacidad máxima que puede entregar, no lo que entrega de forma continua. Mientras la batería está cargándose, el cargador entrega la potencia que el proceso de carga necesita en cada momento (que va cambiando a medida que la batería se acerca a su capacidad máxima); una vez la batería está completamente cargada, el portátil pasa a alimentarse directamente de la red a través del cargador, consumiendo solo lo que sus componentes necesitan en cada instante para funcionar, con un pequeño margen adicional para el mantenimiento de la batería. En ningún caso un cargador de, por ejemplo, 65 W o 100 W de potencia nominal mantiene ese consumo de forma constante las 24 horas del día solo por seguir enchufado: el consumo real depende de la carga de trabajo del portátil en cada momento, exactamente igual que en la fuente de un sobremesa que vimos más arriba.

Errores frecuentes

  • Confundir la potencia de la fuente de alimentación (500, 750, 1.000 W) con el consumo real del equipo, cuando esa cifra es solo la capacidad máxima que la fuente puede entregar, no lo que el ordenador consume de forma constante.
  • Aplicar una cifra de “consumo medio de un ordenador” encontrada en Internet a tu propio equipo, sin tener en cuenta que varía enormemente según los componentes instalados y la carga de trabajo del momento.
  • Medir solo la torre o solo el portátil y olvidar el monitor externo, cuando este es un aparato eléctrico independiente que hay que sumar aparte.
  • Dar por bueno el dato del software de la tarjeta gráfica como si fuera el consumo de todo el equipo, cuando en realidad solo mide la GPU, no el resto de componentes.
  • Confundir vatios (W) con kilovatios-hora (kWh) al hacer el cálculo: el primero es potencia instantánea, el segundo es energía acumulada durante un periodo de tiempo, y no son intercambiables.
  • Creer que la suspensión consume lo mismo que estar apagado, cuando la suspensión mantiene la memoria RAM alimentada y, por tanto, tiene un consumo (pequeño, pero no nulo) mayor que el modo apagado.
  • Asumir que un cargador de portátil de alta potencia consume esa cifra de forma constante por el simple hecho de estar siempre conectado, en lugar de entender que entrega solo lo que el equipo necesita en cada momento.
  • Extrapolar el consumo de un PC gaming en carga pesada a todas las horas de uso, cuando en la práctica la mayor parte del tiempo de uso suele transcurrir en situaciones de consumo bastante más bajo (navegar, escribir, ver vídeo).

Preguntas frecuentes

¿Cuánto consume un ordenador? No hay una cifra universal: depende del tipo de equipo (portátil, sobremesa o gaming), de sus componentes y de la carga de trabajo en cada momento. La única forma fiable de saberlo para tu equipo concreto es medirlo con un medidor de consumo o un enchufe inteligente.

¿Cuánto consume un ordenador portátil? Varía según el modelo y la tarea, pero por diseño suele consumir menos que un sobremesa equivalente, ya que sus componentes están optimizados para funcionar con batería limitada. No existe una cifra media fiable aplicable a todos los portátiles; mídelo con un medidor de consumo para conocer el dato de tu equipo.

¿Cuánto gasta un ordenador de sobremesa? Depende de los componentes instalados (procesador, tarjeta gráfica, número de discos, refrigeración) y de la carga de trabajo del momento. No se puede estimar de forma fiable a partir de la potencia de la fuente de alimentación, que solo indica la capacidad máxima que esta puede entregar.

¿Cuánto consume un PC gaming? Cambia mucho entre estar en el escritorio (idle), jugando o bajo carga pesada sostenida, y depende de los componentes concretos instalados. No existe una cifra media universal para “un PC gaming”; la forma fiable de saberlo es medir tu equipo en cada situación.

¿Una fuente de alimentación de 750 W consume 750 W todo el rato? No. Los 750 W son la capacidad máxima que esa fuente puede entregar a los componentes si lo necesitaran, no el consumo constante del equipo. El consumo real en cada instante depende de la carga real de CPU y GPU, que casi siempre está muy por debajo de esa cifra nominal.

¿Cuánto cuesta usar un ordenador al mes? Depende de la potencia real del equipo y de las horas de uso. Como ejemplo de cálculo (no como media): un equipo hipotético de 150 W usado 8 horas al día durante 30 días consumiría 36 kWh al mes, que a un precio de ejemplo de 0,20 €/kWh costarían 7,20 €/mes.

¿Cuánto consume un ordenador por hora? Se calcula dividiendo su potencia real (en W) entre 1.000 para obtener los kW, y multiplicando por el precio del kWh de tu tarifa. Por ejemplo, un equipo hipotético de 150 W consumiría 0,15 kWh en una hora, que a 0,20 €/kWh costarían 0,03 € esa hora. La potencia debe ser la real de tu equipo en esa situación de uso, no la de la fuente de alimentación.

¿Mi PC consume mucha luz? Depende del equipo y de cuántas horas lo uses al día, no hay una respuesta universal. Para saberlo con certeza, mide el consumo real de tu equipo (torre y monitor, si es externo) con un medidor de consumo o un enchufe inteligente, y aplica la fórmula de este artículo con tus propias horas de uso y el precio de tu tarifa.

¿Es lo mismo suspender el ordenador que apagarlo? No. La suspensión mantiene la memoria RAM alimentada para conservar la sesión, con un consumo pequeño pero no nulo. El apagado (modo desactivado) no realiza ninguna función, con un consumo aún menor, limitado por la normativa de ecodiseño de ordenadores (Reglamento (UE) n.º 617/2013).

¿El software de la tarjeta gráfica me dice cuánto consume todo el ordenador? No necesariamente. Esas herramientas suelen mostrar el consumo de la propia GPU, estimado por sensores del hardware, pero no incluyen el resto de componentes (CPU, placa base, RAM, discos, periféricos) ni el monitor externo si lo tienes.

¿Un portátil enchufado todo el día gasta mucho aunque ya esté cargado? No de forma constante a la potencia máxima del cargador: una vez cargada la batería, el cargador entrega solo lo que el portátil necesita en cada momento para funcionar, no su potencia nominal máxima de forma continua.

Fuentes

  • Comisión Europea — Computers: verificada por fetch directo. Confirma que la normativa aplicable a ordenadores es el Reglamento (UE) n.º 617/2013, que limita el consumo anual de energía estimado (ETEC) según el tiempo que un equipo pasa en reposo, suspensión o apagado, que actualmente no existe una etiqueta energética para esta categoría (aunque hay una propuesta en preparación) y que la propia Comisión describe este reglamento como en proceso de revisión.
  • BOE (Boletín Oficial del Estado) — Reglamento (UE) n.º 617/2013: verificado por fetch directo. Fuente de las cifras exactas del Anexo II citadas en este artículo: demanda de potencia en modo apagado (Poff) no superior a 1,00 W, y en modo de reposo (Psleep) no superior a 5,00 W en ordenadores de sobremesa ni a 3,00 W en ordenadores portátiles.
  • Comisión Europea — Electronic Displays: verificada por fetch directo. Confirma que los monitores de ordenador están cubiertos, junto con televisores y pantallas de señalización digital, por el Reglamento (UE) 2019/2021, vigente desde el 1 de marzo de 2021, que incluye límites de potencia en modo apagado y en espera además de la etiqueta energética A-G.
  • Comisión Europea — Standby, networked standby and off mode: verificada por fetch directo (ya usada en nuestra guía sobre consumo fantasma). Confirma que la normativa horizontal de standby es el Reglamento (UE) 2023/826 (vigente desde el 9 de mayo de 2025, con segunda fase desde el 9 de mayo de 2027, y que deroga al antiguo Reglamento (CE) 1275/2008), y que varias categorías de producto (lavadoras, lavavajillas, teléfonos inalámbricos, secadoras, entre otras citadas en la propia página) se han ido retirando de su ámbito a medida que reciben su propio reglamento de ecodiseño específico. Por eso, en este artículo aplicamos a los ordenadores su reglamento propio (617/2013) y a los monitores el suyo (2019/2021), en lugar de aplicarles la normativa horizontal de standby genérica.
  • Nuestras guías sobre cómo calcular el consumo de un electrodoméstico, cómo detectar el consumo fantasma, mejores medidores de consumo eléctrico y mejores enchufes inteligentes con medición de consumo: reutilizadas para la fórmula de cálculo, la normativa de standby genérica ya verificada y los métodos de medición ya comparados, manteniendo coherencia con lo ya publicado en Casaliax.

Durante la investigación de este artículo encontramos, en varios blogs y páginas comerciales (no en una publicación directa y verificable de IDAE con metodología propia), cifras del tipo “un portátil consume de media entre 180 y 200 W” o “un sobremesa con monitor consume unos 220 W”, atribuidas de forma genérica a IDAE sin que hayamos podido localizar y verificar esa cifra concreta en una fuente oficial primaria. También descartamos porcentajes de ahorro como “el modo de ahorro de energía reduce el consumo un 35%” o “un equipo en standby puede consumir hasta un 15% de su consumo normal”, por el mismo motivo: no encontramos la fuente primaria verificable que sustentara esas cifras con una metodología clara. Por eso este artículo no publica ninguna cifra de consumo medio de un ordenador ni de porcentaje de ahorro como si fuera una media de mercado, y se limita al método de cálculo y a la normativa verificada directamente, para que cada persona obtenga el dato real de su propio equipo.